Después de una década marcada por la turbulencia política, Perú volvió a elegir a un nuevo presidente que gobernará el país durante los próximos cinco años. Millones de peruanos, tanto dentro como fuera del país, participaron en las elecciones presidenciales con la esperanza de encontrar estabilidad política y social.
En total, treinta y seis candidatos se presentaron a las elecciones presidenciales. Este proceso electoral ocurre en medio de una prolongada crisis política en la que el país ha tenido entre ocho y nueve presidentes en menos de una década. Algunos mandatarios dejaron el cargo debido a escándalos de corrupción, y designaciones a presidentes interinos que han sido nombrados por el congreso. El 12 de abril, los peruanos tuvieron la oportunidad de votar por un nuevo presidente y miembros del congreso y senado. Entre los candidatos con más aceptación se encuentra el exalcalde Lima, Rafael Lopez Aliaga, conocido popularmente como “Porky”; el candidato de izquierda, Roberto Sanchez, y la congresista Keiko Fujimori, hija del ex-presidente Alberto Fujimori.
Tras un extenso conteo de votos, las autoridades electorales consideraron necesaria una segunda vuelta electoral. Sin embargo, la jornada de votación estuvo marcada por varios inconvenientes. En Lima, por ejemplo, no se instalaron mesas de votación en al menos 15 escuelas, lo que impidió que aproximadamente 600,000 personas pudieran votar a tiempo. Debido a ello, la junta electoral decidió extender el horario de votación. Durante la primera vuelta, con más del 90% de los votos contabilizados, Fujimori y Sanchez lideran las encuestas.
Aun así, persisten rumores y denuncias de fraude electoral. Los retrasos en abrir las mesas de votación hizo que muchos peruanos se molestaran y alargó el proceso. La situación de irregularidad se acentuó más cuando la policía se tuvo que involucrar para observar las votaciones por las acusaciones de irregularidades, y sobre todo por chequear que nada ilegal estuviera ocurriendo durante el proceso. Todo esto provocó mucha frustración, investigaciones, y tardanzas que desviaron la atención del verdadero propósito de las elecciones. En definitiva, gran parte del pueblo peruano desea que el país pueda concluir este proceso electoral de manera transparente y elegir a un presidente o presidenta que complete su mandato en cinco años sin interrupciones. Más allá de las diferencias políticas, muchos ciudadanos comparten el anhelo de alcanzar la estabilidad política, económica y social. •